martes, 3 de enero de 2017

Recital en casa de JM. Todos son músicos menos nosotros, así que disfrutamos como si viéramos magia cuando se ponen a cantar a cuatro voces un par de canciones del Cancionero de Upsala justo antes de irnos.
M. Hablaban de un pianista muy anciano que caminó con dificultad hasta el piano, pero una vez allí tocó con vigor impresionante. Entonces recordó una anécdota similar de un violinista a quien hubo que subir al escenario. Pero ella habría preferido algo que mostrara más su edad. Conté yo entonces los movimientos de manos del ancianísimo Kazuo Ono en aquella entrevista de A.A. y ambas dijimos a la vez: "un destilado". Fue muy bonito, no era esperable la palabra, no era un cliché tampoco. Afinidad. En una película romántica nos habríamos quedado boquiabiertos mirándonos a los ojos.
Me encanta esta chica. Su voz y su conversación. Y veo en él algo infantil, de niño sabio y entusiasta. Erudición y frikismo.
Ese movimiento japonés como de lentísimo encogimiento. Idea para mi show poético. Otra más.
El padre es acelerado, ríe muy alto y como a destiempo, hace todo a trompicones, duda, cambia de idea. Da las gracias repetidamente. Pero no nos entendemos bien, a pesar de que su inglés es muy decente. Además de la lengua, parece haber esa inseguridad cultural de cuando todo es muy diferente, la misma que tiene a, niño atontado, el prubitín. Todo extraño y gentes extrañas que hablan una lengua extraña.

¿Qué ocurriría si google cayera? Sería catastrófico. ¿Tendría alguna importancia, en semejante panorama, que yo perdiera toda mi masa amorfa?








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